Comer un plato de pasta blanca sin acompañamiento o tomar un jugo de frutas como almuerzo puede parecer inofensivo, pero tres especialistas en diabetes citados por la revista Parade coinciden en señalar el mismo error que cometen las personas con su azúcar en sangre: consumir carbohidratos sin combinarlos con proteínas, grasas saludables o fibra.
Michelle Routhenstein, dietista especializada en cardiología preventiva y educadora certificada en diabetes del sitio EntirelyNourished.com, advirtió que mantener niveles altos de glucosa en sangre de manera prolongada deteriora losvasos sanguíneos y los nervios. Ese daño progresivo eleva el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, problemas de circulación, afecciones renales y lesiones oculares que pueden derivar en pérdida de la visión, según indicó la especialista.
En los casos más avanzados, la combinación de daño nervioso y mala circulación puede provocar úlceras en los pies e incluso aumentar la probabilidad de una amputación. “Esto no pretende asustar, sino generar conciencia sobre por qué monitorear y controlar el azúcar en sangre es tan importante cuando se vive con diabetes”, señaló Routhenstein, quien subrayó que mantener la glucosa dentro de un rango objetivo individualizado reduce de forma significativa el riesgo de estas complicaciones.
Carbohidratos solos: energía que se agota rápido
Anna Taylor, dietista y educadora certificada en diabetes de la Cleveland Clinic, explicó qué ocurre en el organismo cuando una comida contiene únicamente carbohidratos. Al principio, la persona puede no experimentar cambios perceptibles, aunque es posible que no alcance una sensación de saciedad suficiente. Sin embargo, unos 15 minutos después, los niveles de glucosa en sangre pueden aumentar rápidamente, especialmente si se consumen alimentos refinados sin fibra, proteínas o grasas saludables que moderen su absorción.
Taylor comparó los carbohidratos simples con “combustible de cohete”, debido a la rapidez con la que el organismo los digiere y absorbe. Según explicó, este proceso puede favorecer que el hambre reaparezca antes que después de una comida equilibrada, que incluya proteínas magras, grasas saludables y alimentos ricos en fibra. La especialista señaló que estas elecciones alimentarias pueden generar fluctuaciones pronunciadas de la glucosa en sangre, “más parecido a picos de montaña y valles que a colinas suaves”.

Diabetes y vulnerabilidad a los altibajos
Krisel Quiambao, enfermera y educadora certificada en diabetes, señaló que ciertos alimentos disparan la glucosa con mayor facilidad cuando se consumen solos y en cantidades generosas: bebidas azucaradas, jugos, golosinas, pan blanco refinado y arroz blanco figuran entre los principales responsables.
En quienes padecen diabetes, el efecto se amplifica. Routhenstein explicó que el organismo de estas personas no produce suficiente insulina o no la utiliza de manera eficiente, lo que dificulta la tarea de normalizar los niveles de azúcar tras una comida. Como consecuencia, la glucosa puede permanecer elevada durante períodos más prolongados.
Señales del cuerpo tras exceso de carbohidratos simples
Más allá del riesgo a largo plazo, las consecuencias inmediatas de consumir demasiados carbohidratos de baja fibra también resultan incómodas. Según Taylor, entre los síntomas más comunes se encuentran:
- Hambre intensa poco después de comer.
- Sed excesiva.
- Necesidad frecuente de orinar.
- Fatiga.
- Dolores de cabeza.
“Estos síntomas suelen resolverse cuando el azúcar en sangre se normaliza, ya sea con el paso del tiempo o con la ayuda de la medicación para diabetes”, precisó la especialista de la Cleveland Clinic.

Combinar carbohidratos es la clave, no eliminarlos
Las tres expertas coincidieron en un punto fundamental: el cuerpo necesita carbohidratos. Routhenstein recordó que vivir con diabetes no elimina lanecesidad de energía, proteínas, vitaminas, minerales, fibra ni hidratos de carbono, nutrientes esenciales para funciones como la circulación, la salud nerviosa y la producción de energía. Saltarse comidas o retrasarlas puede provocar episodios de hipoglucemia.
La solución, según las especialistas, pasa por elegir carbohidratos con mayor contenido de fibra y menor grado de procesamiento. Quiambao recomendó priorizar opciones como legumbres —porotos, lentejas, garbanzos—, avena, cebada, panes integrales y frutas enteras.
Un plato equilibrado estabiliza la glucosa y sacia
Taylor explicó que el organismo utiliza tres tipos de combustible: los carbohidratos proporcionan energía de manera más rápida, las grasas se procesan más lentamente y las proteínas ocupan un lugar intermedio. La clave consiste en evitar el consumo aislado de alimentos ricos en hidratos de carbono y pobres en fibra.
“Elige carbohidratos ricos en fibra y combínalos con proteínas magras y grasas saludables, o al menos con uno de los dos”, recomendó la dietista. De esta manera, la glucosa se libera de forma más gradual en el torrente sanguíneo, la saciedad se prolonga, los niveles de energía se mantienen estables y el control glucémico mejora.
Para ilustrar cómo aplicar este principio en cada comida del día, Taylor propuso los siguientes intercambios:
- Desayuno: una muffin o tostada de pan integral con huevo y rodajas de tomate, en lugar de uno de harina blanca con queso crema dietético y mermelada.
- Almuerzo: un bowl de guiso o estofado de pollo con porotos, verduras y especias, coronado con dos cucharadas de queso rallado, en lugar de un jugo verde.
- Snack: una manzana pequeña con media cucharada de pasta de maní, en lugar de un vaso de compota de manzana.
- Cena: una taza de pasta integral con salsa, 85 gramos de albóndigas de pavo y ensalada con aderezo de aceite y vinagre, en lugar de dos tazas de pasta blanca con un pancito.
- Postre: una barra de yogur griego congelado, en lugar de un sorbete.

No existe una cifra mágica de carbohidratos por comida
Routhenstein aclaró que no hay una cantidad exacta y universal de carbohidratos que deba consumirse en cada comida. Para personas con diabetes tipo 2, sugirió un rango inicial de entre 30 y 60 gramos por comida, ajustable según el nivel de actividad física, la medicación, el uso de insulina y la respuesta individual de la glucosa.
Para quienes no viven con diabetes, la especialista indicó que una comida con entre 45 y 75 gramos de carbohidratos puede encajar cómodamente dentro de un patrón alimentario equilibrado, aunque las necesidades pueden variar. “Observa el tipo y la porción de carbohidrato, con qué lo acompañas, tus necesidades nutricionales generales y cómo responde tu glucosa a la comida”, enfatizó Routhenstein, quien desaconsejó obsesionarse con un número fijo.
Fuente; Infobae



